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aun no son desarrollados en la totalidad del territorio y en la
totalidad del tiempo, es decir, es determinante el hecho de una
guerra que poco a poco se desplaza de lo rural a lo urbano, pero no
como un avance de arrasamiento en general, sino mas bien como
procesos intermitentes de posicionamiento de la muerte y la
destrucción , alternado con instancias en donde la guerra desaparece
y se puede vivir en una aparente calma en la que la población puede
dedicarse al consumo y al turismo urbano de los centros comerciales
o al acercamiento a la cultura como mecanismo de socialización
Rito y simulacro quiere centrar ese fenómeno del territorio
colombiano por ser lo urbano uno de los modos de vida que mas
intensamente dinamiza el pensamiento de la población, sea para
asimilarlo o para rechazarlo, negarlo y resistirlo, Colombia,
Latinoamérica y el tercer mundo en general, es afectado por el
paradigma de país en vías de desarrollo en aras de estar listo para
funcionar en estructuras globales, lo urbano moderno, tecnológico,
es el modelo a seguir acertadamente o no.
El momento histórico por el que atravesamos es un momento de
definiciones por lo que el país esta atravesado por el choque de
situaciones y de discursos que confrontados varían las condiciones
de vida actual, por una parte aun no termina de establecerse el
coloniaje de occidente con su llamada modernidad, la cual a esta
sociedad le ha implicado el abandono de ciertas seguridades dadas en
el coloniaje anterior hecho por España , alternancias de
intromisiones de sistemas de homogenización que han hecho difuso el
establecimiento de un supuesto modelo que desarrolle identidad, de
hecho la verdadera identidad que esta sociedad podría tener
proveniente de lo precolombino se diluyo hace mucho tiempo, quedando
algunos recuerdos tomados como souvenir .
Rito y simulacro intenta ser una mirada sobre el conjunto de
acciones rituales que el humano desarrolla en el eregimiento de la
cultura, en la introspección del individuo en busca de sus
respuestas de sentido, ser o simular, esas acciones constituyen la
concreción de una sublimación, una valoración seguida en acción por
una escenificación que evoca, convoca, representa y presenta el
objeto de su culto. El rito es la acción de comunión en una
creencia colectiva que a través de presencias y símbolos, elaboran
contenidos que dan cuenta, narran, explican, dan sentido, explicitan
sentido. Si lo ritual es uno de los medios por el cual lo social
proyecta sus idealizaciones depositando en ellas su culto, cu
creencia, aparece acá la pregunta acerca de ¿Qué es? Elevado a la
categoría de objeto de culto, cuales son esas cosas o esas fuerzas.
Igualmente aparece la pregunta de las conexiones entre el arte y lo
mágico, el papel chamánico del individuo actual que dinamiza su
acción transformando mundo.
Pero ¿Cómo se asume la función del rito en lo ancestral? Para
analizar lo ritual desde perspectivas antropológicas se pueden tomar
dos miradas fundamentales:
La una asume lo ritual como la instancia de conexión y comunicación
de lo humano con lo divino, la otra asume o señala lo ritual como
mecanismo de socialización; es decir, en el origen el individuo
tenia conciencia de su realidad en la medida que se explicaba
ontológicamente en relación con algo mas allá de si mismo que lo
creaba y paralelamente la construcción de esa conciencia de su
realidad se efectuaba en la medida en que no se hallaba solo y podía
referenciarse con otros, otros con los cuales conformaba grupo y con
los que establecía ciertas concepciones a través de sus
comportamientos , establecía códigos de identidad y de inclusión en
esa realidad. Tanto sus relaciones con lo divino como sus
relaciones con lo humano eran dadas en el marco de un mundo natural
y es precisamente a través de esa naturaleza, de sus objetos y sus
procesos que lo divino se manifiesta y se comprueba. Ese algo fuera
de si mismo que lo creaba, que de hecho tenia una jerarquía mayor ,
lo sobrepasaba sin poder darle una explicación, pues esta fuera de
la relación razón – no razón. Néstor García Canclini en Las Culturas
Híbridas apunta “el rito se distingue de otras practicas porque no
se discute, no se puede cambiar ni cumplir a medias. Se cumple y
entonces uno ratifica su pertenencia a un orden, o se transgrede y
uno queda excluido fuera de la comunidad y de la comunión…lo sagrado
tiene entonces dos componentes: es lo que desborda la comprensión y
la explicación del hombre, y lo que lo excede en su posibilidad de
cambiarlo”
Así se divide la concepción de lo sagrado a la concepción de lo
profano según Mircea Eliade en Lo Sagrado y lo Profano, lo sagrado
se constituye como una manifestación divina, una realidad de un
orden totalmente diferente al de las realidades naturales, que
vendrían a ser las manifestaciones de lo profano.
Sin embargo lo sagrado se revela a través de esa misma naturaleza
por medio de hierofanias, esto hace que ciertos elementos naturales
sean una cosa que muestra lo sagrado trasmutándose su realidad pero
sin dejar de ser la cosa misma, sin dejar de participar de su medio
circundante, un objeto entre otros objetos que se recargan de
misterio revelando sacralizad, convirtiéndose en objetos
consagrados, aquí cabe la pregunta de si dichos objetos; semilla,
montaña, piedra, árbol se constituyen como una representación o se
constituyen como una presentación de algo que por si mismo es
impresentable, de una u otra manera lo cierto es que lo sagrado es
la instancia en donde el hombre se satura de ser, se potencializa
para que su realidad sobrepase lo perenne pues lo coloca en contacto
de lo divino y lo pone en comunión con el principio y fin de todas
las cosas.
El tiempo profano se refiere a la duración temporal ordinaria en que
se inscriben los actos despojados de significación religiosa. Es un
tiempo que se caracteriza por su continuidad cronológica y por su
capacidad de cambio, constituye la historia cuyo aspecto de
manifestación es lineal, aunque el hombre no religioso tiene también
nociones de discontinuidad, estas son dadas por su cambio de
actividad, tiempo de trabajo, tiempo de regocijo, etc., sin embargo
se plantea que para este tipo de hombre el tiempo no presenta
ruptura ni misterio y su mas profunda dimensión existencial esta
ligada a su propia existencia, pues esta ligada a un comienzo y a un
fin que es la muerte y si bien tiene una noción de pasado y una de
futuro, vive en lo que se denomina un presente histórico que
constituye el momento en el que el tiempo profano se manifiesta y
cuya sumatoria de acontecimientos conforma la historia.
El tiempo sagrado es un tiempo mítico universal, que tuvo lugar en
un pasado mítico, al comienzo, este tiempo no transcurre, es
infinitamente recuperable y repetible, por su propia naturaleza es
reversible pero su duración es irreversible y puede ser
re-actualizado como acontecimiento sagrado dentro de la realización
del rito o de las fiestas periódicas que posibilitan la misma
situación inicial en la que los dioses crean y santifican a raíz de
su gesta, este tiempo sagrado se manifiesta en un aspecto circular,
ahora bien, el hombre religioso experimenta intervalos temporales
entre lo sagrado y lo profano, vive en la linealidad histórica pero
sale de ella en la celebración ritual de las fiestas que no
conmemoran sino que re-actualizan la creación dándole posibilidad de
participar del tiempo inicial eterno. A la vez que esa experiencia
le permite purificar el tiempo social y el tiempo individual pues lo
que se aleja de lo sagrado mancilla el mundo y lo aniquila, al
realizase el rito se efectúa un acto fundacional pues a quien se le
recita el contenido divino queda proyectado en el manto de la
divinidad, porque el fin del rito es enunciar el contenido del mito,
que no es otra cosa que la narración de una historia sagrada, de un
acontecimiento primordial que revela el misterio, habla de
realidades, es verdad y realidad por excelencia, cumple la función
de fijar los modelos ejemplares de todas las actividades humanas
significativas generando un precedente con el cual puede hacerse un
identificación, de este modo el rito es un recuerdo actualizado que
hace manifiestos los principios y paradigmas de toda conducta. El
rito en el hombre primitivo siempre tiene una intención religiosa y
no empírica, “el retorno al tiempo sagrado no es un rechazo del
mundo real, ni la evasión del ensueño y de lo imaginario, por el
contrario es una obsesión ontologica” dice Eliade.
¿Cómo se da esa transformación de las concepciones del tiempo
sagrado al tiempo histórico? El mismo Eliade cita una investigación
de Henry Charles Puech quien cita varios estadios: para los griegos,
para Platón exactamente el tiempo que determina y mide la resolución
de las esferas celestes es la imagen móvil de la eternidad inmóvil,
que imita desarrollándose en circulo, por tanto el devenir cósmico y
su duración es una sucesión indefinida de ciclos en cuyo transcurso
la misma realidad se hace, de deshace, de rehace, conforme a una ley
y alternativas inmutables. Para el judaísmo el tiempo tiene un
comienzo y tiene un fin, superándose a la idea del tiempo cíclico,
Yahvé no se manifiesta en un tiempo cósmico sino en un tiempo
histórico, y cada nueva manifestación de el en la historia no es
reducible a un a manifestación anterior, sus gestos son
intervenciones personales en la historia, y no revelan su profundo
sentido mas que para su pueblo, el tiempo histórico se convierte en
teofanía.
Ya en el cristianismo por haber encarnado Dios y haber asumido una
existencia humana históricamente condicionada, la historia se hace
susceptible de santificarse, el cristianismo contemporáneo participa
de un tiempo litúrgico, se incorpora a un tiempo en el que vivió el
anécdota, pero ya no es tiempo mítico, el calendario sagrado
reproduce indefinidamente los acontecimientos pero estos de
desarrollan en la historia no en el origen. Tanto así, que el
tiempo comienza de nuevo con el nacimiento de Cristo. Esto conduce
a una teología, aunque la encarnación de Cristo tiene un fin trans
histórico que es la salvación del hombre.
Henry Charles Puech cierra su análisis citando a Hegel de quien dice
que toma la ideología judeo-cristiana y la aplica a la historia
universal, el espíritu universal se manifiesta continuamente en los
acontecimiento s históricos, convirtiéndose así la historia en
totalidad, lo que el llama una teofanía, es decir, que todo lo que
ha sucedido en la historia debía suceder así, porque así lo ha
querido el espíritu universal, Hegel abre la filosofía historicista
del siglo veinte que se constituye como un producto de
descomposición o alejamiento del cristianismo ya que en sus
narraciones se da un hecho histórico pero ese hecho histórico en
cuanto tal deniega toda posibilidad de revelar una intención trans
histórica, en la filosofía historicista el tiempo no es concebido
como un circulo es desacralizado, se presenta como una duración
precaria y evanescente que conduce irremediablemente a la muerte.
Al separar la experiencia humana en vivencia del ámbito de lo divino
y del ámbito de lo profano siendo el rito el mecanismo para
diferenciar dicha vivencia queda implícito que el territorio sufre
también esa diferenciación, generándose especificidades para cada
una de esas experiencias, para el hombre religioso primitivo la
concepción del espacio tampoco es homogéneo, en él hay rupturas
dadas por aspectos cualitativos, que marcan ciertos lugares con un
carácter especial, bien sea porque allí los hombres sentían de modo
mas fuerte la presencia divina o aparecían mediante esas hierofantas
las señales de lo sagrado, algo así como el principio rudimentario
de los altares, los templos o los lugares de sacrificio. Determinar
esos lugares se hacia mediante diversos recursos, algunas veces por
especiales manifestaciones de la naturaleza, la caída de un rayo, el
nacimiento de agua, otras veces por cualidades dadas de modo mas
subjetivo por el chaman, por ejemplo, liberando animales y señalando
el sitio donde ese animal se posaba, o donde caían ciertas semillas,
otras veces se determinaban según el nivel de armonía que esos
chamanes sentían.
Por el hecho de presentarse esta ruptura en el espacio, de escoger
un lugar sagrado, o de que lo sagrado se manifestara en un lugar no
solo se destruía la homogeneidad del espacio como lugar físico, sino
que allí se revelaba una realidad absoluta dada desde lo divino y
que por ende se constituía en fundante ontológico del mundo “en
donde lo sagrado se manifiesta, lo real se devela, el mundo viene a
la existencia” Eliade.
Lo importante de la determinación de esos espacios es que así se
determinaba un punto fijo, es decir, se constituía como centro, como
eje de la orientación espacial de la comunidad puesto que si la
comunidad se desenvolvía alrededor de esa creencia, su espacio se
organizaba alrededor de ese punto. Igualmente la construcción del
centro hace metáfora a ser el lugar de lo creativo, de donde sale el
mundo, por eso es considerado como un elemento fundante. Allí en
ese sitio especifico se erige un elemento que pasa a ser monumento,
es decir, allí emerge un objeto concreto que recuerda la existencia
de lo sagrado, que es portador de esa significación, que cohesiona a
una sociedad alrededor de un elemento absoluto poniendo fin a
cualquier relatividad en la auto interpretación de esa comunidad.
Tomado un elemento como algo objetivo en que basarse, elemento
colectivo, cerrando la opción de configurarse desde experiencias
subjetivas, es decir la objetividad de lo colectivo podía basarse en
algo dado en la subjetividad del chaman, pero como él era un ser
especial en conexión con lo divino ritualmente hacia de puente entre
lo sagrado y el mundo, como metáfora a ese puente se instalaba allí
un elemento vertical, un tótem que representaba mediante su
dirección ascendente el paso entre lo terrenal y lo celeste, el
tótem señala el centro, el ombligo del mundo a la vez que señala la
puerta de entrada al cielo, a lo sagrado. La presencia de esa
escultura consagra ese espacio, le da el carácter de lugar de lo
sagrado, estableciéndose una configuración física concreta que
representa un mundo ordenado, porque ese centro se convierte en un
punto de partida hacia los cuatro puntos cardinales, ese
ordenamiento del espacio con su respectiva carga simbólica dota a la
comunidad de elementos mágicos de defensa contra el caos de un mundo
desordenado, contra el peligro de los demonios y entidades malignas
que acechan contra lo divino. Es mediante rituales efectuados en
esos sitios que los hombres reactualizan sus conexiones religiosas y
se asumen en la presencia de lo sagrado participando activamente de
un mundo organizado, de un cosmos, con las virtudes y los valores de
la creación primera de cuando lo real salía de la voluntad del
creador.
Paralelo a la mirada que le otorga al rito la función de ser un
instrumento religioso de conexión entre lo divino y lo humano, hay
otra mirada que le designa como función ser un mecanismo de
socialización. Al respecto Ernesto Gellner en su texto sobre los
orígenes de las sociedades, en donde hace una relación entre la
política y la antropología, anota “el modo que tiene una sociedad de
impedir que las personas hagan una variedad de cosas que no son
compatibles con el orden social del cual son miembros, es someterlas
a ritos”, según él, esta premisa se constituye en una de las teorías
básicas de la antropología social, que plantea que a través del rito
se llegaba a un frenesí colectivo que ablandaba los sentidos y las
voluntades, y ejercía un acto de sometimiento, de aceptación en lo
social, de inclusión a través de la identificación o el temor.
Entonces cada cultura de acuerdo a sus concepciones y paradigmas
establecería diversidad de actos para manipular a la comunidad y
establecer el poder, cada cultura tiene su propia religiosidad pero
en todas ellas opera como rasgo fundamental la utilización del
ritual, así mismo, cada cultura tenia su concepción de organización
como sociedad y de sus interrelaciones con el entorno especifico,
los rituales como sistemas de comportamiento ante un ideario definen
un mundo social y una concepción de lo natural y restringen y
controlan las percepciones de lo real y las conductas de tal manera
que se fortalece lo social dentro de limites pre-escritos con
ciertos contenidos normativos, al igual que con contenidos
descriptivos de la organización.
Canclini “los ritos ocultan la heterogeneidad y las divisiones de
los hombres representados, es raro que un ritual aluda en forma
abierta a los conflictos entre etnias y clases y grupos. La
historia de todas las sociedades muestra lo sitos como dispositivos
para neutralizar la heterogeneidad, reproducir autoritariamente el
orden y las diferencias sociales.”
Así como el rito da cuenta de una vida social, de una creencia con
su conjunto de reglas para la realización del culto, de un objeto de
culto dirigido a un fin especifico, de un modelo sea fetiche o
paradigma que explicita o crea sentido, así mismo es necesaria la
existencia de un sujeto que desarrolle un acto de fe. Si el sujeto
no comulga con el rito, pero participa por conveniencia o por
obligación impuesta por la sociedad a la que pertenece, o si ese
sujeto a pesar de su fe realiza un intento fallido para participar
de ese ideario realiza un simulacro, la relación entre rito y
simulacro en alguna medida es inseparable, indisoluble porque esta
dada en la capacidad de participación, en la efectividad y en la
credulidad del individuo, una conexión entre lo que implica el rito
y lo que se cumple en el sujeto.
En nuestro tiempo de lo que podemos ahora denominar rito, como un
conjunto de reglas que normatizan el comportamiento social en el
ámbito de lo urbano, muchos de ellos se convierten en solo una
forma de relación debido a lo atomizado de las ideologías como
código dominante o hegemónico, se conserva la forma pero su
contenido desaparece, se va perdiendo el poder de convocación de
fuerzas, entes, o conceptos, igualmente nuevas relaciones generan
nuevos ritos, en la medida que cambia el contexto, las tecnologías y
los imaginarios. Lo humano desarrolla ceremonias de acuerdo a las
nuevas configuraciones de lo real, nuevos o viejos sean los
paradigmas o los ritos, simples o complejas las reglas para su
culto, profunda o superficial la sustentación de su ídolo o de su
creencia, comprensible o no ese culto, el rito depende de ser
realizado en verdad, un acto que se dinamiza y confluye más allá de
un explicación lógica, racional, es tan inmediato que no permite
cuestionamientos en el instante de realización, toda reflexión
posterior seria critica, el rito requiere de un sujeto que comulgue,
al igual en el hecho de hacer arte por el carácter mágico se da una
conexión entre el hacedor, el concepto que busca y la eficacia de la
imagen que concreta en un objeto, toda reflexión posterior seria
estética. Actos motivados por una creencia, actos que a la vez
posibilitan la existencia de la creencia, ciclo cerrado.
Desde otro aspecto ciertos ritos dejan de tener sentido porque su
objetivo cambia, o desaparecen a partir de los cambios o
transformaciones sociales, seguir realizando ciertos ritos en otros
periodos históricos aun cuando ellos estén desconectados con el
acontecer de lo real, es colocarlos escenificados teatralmente para
preservar en la memoria a modo de recuerdo-espectáculo, un
falseamiento, un simulacro. Lo agitado de los medios de información
masivo han complejizado las nociones de identidad y origen respecto
al territorio, respecto a la unidad cultural o a la pureza cultural,
son los tiempos donde simultáneamente muchos modos de habitar de
desarrollan, lo tras nacional opera, curiosamente todas esas
fuerzas suman hacia un estilo hegemónico dado por el mass media,
ante la globalización lo local corre el peligro de desaparecer o
asume el peligro de instaurarse. Cuando todo se legitima pierde
importancia el hecho de legitimar, de ser legitimado, de ser
legítimo, todo participa de la industria cultural de acuerdo a la
vitrina que puede pagar y a la corporación que lo publicita.
El para qué de lo ritual explora varios aspectos; por un lado
cohesiona un grupo social brindando experiencias de inclusión y
pertenencia, permite identificación y la proyección en el tiempo
manteniendo una tradición, una memoria, ofrendando y expandiendo
unas concepción de mundo, el rito da cuenta de esas concepciones, a
través de el se establece y mantiene el sentido, lo humano realiza
ritualidades para acceder a la fuerza evocada y ganar poder, en lo
sensorial, en lo cognitivo, en lo espiritual, en lo político, es una
fuerza y una claridad, es un arma de lucidez y a la vez que es un
arma de alineación.
Ahora la pregunta seria ¿Cuáles son las formas y las estrategias?,
¿Qué se debe evocar?, ¿a qué se le reclama presencia?, ¿mediante
cuál signo?, llevado al nivel de la representación o de la
presentación, ¿es un hallazgo o un fetiche? Se plantean varias
preguntas o reflexiones acerca del símbolo y sus codificaciones, de
su uso en el desplazamiento intercultural y sus resignificaciones.
Las relaciones entre rito y cultura, entre rito y religión, entre
rito y militancia, las relaciones entre la convocatoria y la praxis,
la pregunta del rito como escenificación, como un ente abstracto de
un culto.
En relación con el concepto de simulacro las preguntas que se
generan son igualmente pertinentes; ¿Qué es un simulacro?, ¿Cuándo
se da?, ¿Cómo y quienes lo realizan?, ¿Qué lo explica? Igualmente
esas preguntas obvias se le formularan a la legitimación o
deslegitimación del simulacro.
Para definir los contenidos implícitos en el concepto de simulacro
debemos anotar que viene del termino simular que significa dar la
apariencia de algo que no es, fingir, engañar, mentir,
pero a la vez simular se refiere a imitar, reproducir, representar,
son diferentes usos lingüísticos que rodean la utilización de este
termino, a ese respecto Gianfranco Bettetini en su texto Por un
establecimiento semio-pragmático del concepto de simulación,
incluido en el libro Video culturas de fin de siglo, explica, “La
historia de la expresión humana se ha dividido siempre entre dos
proyectos fundamentales: el de reproducir por medio de signos
materialmente diversos del objeto destinado a la representación y el
de experimentar en cambio, las posibilidades de autonomía de los
signos y de los lenguajes que lo estructuran, para producir
significados de algún modo motivados por los objeto s o incluso
independientes de ellos”. Lo cual ubica en concepto de simulación
en el ámbito de la representación y a la intención del lenguaje y de
buena parte del arte de reproducir o expresarse acerca de lo real.
Bien sea porque ha sabido remover o sublimar ese real. Así señala
un actualidad de entrecruzamiento para el signo icónico, entre la
instancia reproductiva con las problemáticas que fundan el aparato
expresivo puesto en acción “por muy autónomo que pueda ser un
lenguaje, su sistema y sus elementos deben de algún modo conservar
cierto tejido de relaciones con la realidad, para no dispersarse en
las sombras de la insignificancia: sobre todo cuando esta realidad
-como en el caso puesto en evidencia por la simulación- es la del
lenguaje mismo, de sus modalidades de funcionamientos, de sus
operaciones de mediación representativa y cognoscitiva” , así
diferencia perspectivas semánticas de la simulación en la medida que
por un aparte se entiende como el hecho de “construir significados
adecuados a los referentes de su performance expresiva; simulación
como imitación, analogía o como representación”, pero contrariamente
señala casos en los que el lenguaje no se adecua de manera
intencional respecto a lo que se refiere, simulación como engaño.
Pero a nivel del lenguaje no todo se detiene en una reproducción de
la realidad para expresarla representándola o para ocultarla
engañando. Existe también “un universo expresivo de ficción al cual
pueden faltar referentes y objetualidades correspondientes a la
presentación”, se refiere a lo que él llama composición fantástica
implícita en todas las formas de arte y que constituyen un mecanismo
de invención y de configuración de los imaginarios. Curiosamente
Bettetini dice “aquí la simulación como corrupción de lo real
puede indudablemente ser implícita y puede incluso dominar la misma
producción de sentido…pero no porque el universo al cual la
manifestación discursiva remite es inexistente…es el universo
semántico propuesto el que no se adecua a ninguna manifestación de
la realidad” y digo que es curioso porque según Eliade en su estudio
sobre el rito distingue la pureza entre un mundo sagrado proveniente
de lo divino y un mundo profano alejado de esa pureza, en estado de
corrupción, lo cual liga el rito y el simulacro en el ámbito de una
categoría moral a la vez que de una instancia de lo ideal, abstracta
y soñada traída al plano de lo concreto mediante los recursos de lo
artístico.
Referida la reflexión de Bettetini el problema de la simulación en
esa dualidad entre la representación de la idea, y a la vez la de
construir una estratagema que finja, entonces define el acto de
simular, el simulacro, como “la construcción ficticiamente
sustitutiva respecto a la realidad, vale” como “ la misma realidad,
sobre todo si le es contemporánea o si sus tiempos de aparición
están de todos modos estrechamente coligados con los del objeto
sustituido: porque la raíz “simul” significa también “no apenas” ,
“en cuanto que”, “inmediatamente que” y remite tanto a la obvia,
inmediata simultaneidad, como a la apremiante y compacta
consecutividad”.
otra manera de utilización del concepto de simulacro se refiere a la
posibilidad de representar una acción o una situación para entrenar
un comportamiento adecuado en caso de presentarse esa situación como
hecho real, usualmente previendo posibles catástrofes, es quizás el
refinamiento máximo de paranoia colectiva, de un miedo implícito
ante la certeza de saber que algo no esta bien y en algún momento va
a estallar, bien sea por la emergencia que nos cauce la naturaleza
por si misma o debido a nuestro fatídico comportamiento ambiental o
bien sea desde causas políticas por nuestra desequilibrada
estructura social, pero para no ser tan radicales señalemos que el
simulacro también se refiere a los procesos de diseño de ciertos
objetos industriales o de ciertos procesos científicos en los cuales
se realiza un prototipo experimental para en el probar y verificar
su función, su uso, su eficiencia, se trata de concebir un modelo
anteriormente inexistente y desarrollar mecanismos para llegar a la
concreción de ese ideal.
Entonces el simulacro tiene que ver con la existencia de un
estereotipo, una convención que es fingida o falsificada, el
simulacro intenta representar y esa representación esta referida a
la existencia de un modelo que seria un original y que la tradición
metafísica cualifica como bueno, mientras que el simulacro llegaría
a estar en el nivel de la copia. Según Gilles Deleuze en La lógica
del sentido dice “las copias son poseedoras de segunda,
pretendientes bien fundados, avaladas por la semejanza; los
simulacros son como falsos pretendientes, construidos sobre la
disimilitud, que implica una perversión y una desviación
esenciales”, el simulacro acepta la subordinación al modelo o
discurso que pretende fingir, no pretende ser cosa distinta al
modelo, lo imita, lo aparenta, podría verse como la incapacidad de
replantearse frente al modelo. Pero también podría verse como la
manera de encontrarse y expresarse fluidamente en lo social. Desde
allí el simulacro es una representación que sin ser la cosa, la
evoca, o que transforma para que parezca ser lo que no empata del
todo con el modelo, no lo sustituye, o que si tienen la forma del
estereotipo, no tiene esa conciencia de ser el modelo, no sabe
claramente que significa.
Más allá de esa mirada moralista acerca del original y la copia y
ubicándose en las explicaciones de la cultura contemporáneas Jean
Baudrillard establece tres órdenes de simulacros:
La primera falsificación aparece en el proceso de secularización de
la cultura y con la perdida de jerarquía de la aristocracia como
clase dominante y el ascenso de la burguesía como clase de control
de las relaciones económicas y por ende de empoderamiento. Esta
burguesía no crea unos códigos ni unos signos propios que la definan
y caractericen dentro del contexto social, sino que asumen las
formas culturales que identificaban a la aristocracia, generando un
ambiente simulado expresado por una especie de teatralización en las
formas de representación simbólicas, imitan el estilo tanto de sus
objetos como de sus trajes, sus gestos, buscando una pose que les
reconozcan estatus y les legitime su manejo de poder y la
acumulación de los recursos económicos.
El simulacro de segundo orden se da en el momento de la revolución
industrial y su paradigma de producción serial y maquinita, así se
implantan nuevos signos sin tradición de casta, que no habían
conocido jamás las restricciones de estatuto y por ello no tienen
que ser falsificadas, debido a que son producidas en forma masiva,
ya no ostenta las cualidades de una singularidad y originalidad como
un valor agregado, son productos de un mundo que siendo serial izado
pretenden innovar cada vez mas, hacen un corte con el pasado
intercambiándose prontamente, haciéndose obsoletos y siendo
reemplazados por nuevos paradigmas o nuevos modelos a los cuales
cada vez todo el mundo tienen acceso, la legitimación en el estatus
social ya no es dada por un poder sobrenatural, sino por el acceso
económico a la cosa que da el estatus como manto, con el cual se
produce una mimesis que manifiesta un empobrecimiento simbólico,
cada quien no busca los elementos que lo caractericen , lo
representen y los distingan, sino que va a la factoría y los
adquiere pudiendo cambiarlos a libre albedrío, quedándose en una
forma externa que ostenta un vació interior. Baudrillard dice que se
rompe la relación original-copia, modelo-falsificación, no se trata
de ni de analogía, ni de reflejo, sino de pura equivalencia, pues en
la serie los objetos se vuelven simulacros indefinidos los unos de
los otros y con los objetos los hombres que los producen y los usan.
El simulacro de tercer orden lo configuran nuevos signos dados por
el paso de un mundo maquínico a un mundo telematizado, el esquema
dominante es la simulación abiertamente, es la perdida de todo
referencial real, “es el ascenso de vertiginoso de lo signico que
suplanta de ahora en adelante toda lógica del intercambio económico
y del valor de uso, no se trata de imitación ni de reiteración,
sino de una suplantación de lo real por los signos de lo rea. Es un
mundo que se va configurando cada vez mas alejándose de una
concepción proveniente de la ciencia ficción, adelantos como el
código genético, los cambios físico corporales, la fertilización in
Vitro, las clonaciones, el sexo por teléfono, el darse otro nombre
en un correo electrónico, una realidad mas cercana a la prevista por
Huxley en su mundo feliz.
Es interesante la relación de habitar, el instalarse en un sitio
geográfico concreto y transformarlo en un lugar, apropiado por
ciertos modos de vivir, por las convenciones llamadas cultura, dadas
bien sea por condiciones especificas de la geografía, clima,
biodiversidad, contexto natural o bien sean dadas por un constructo
mental del imaginario fantasioso, o de las observaciones reflexivas
sea de la razón o desde otras lógicas. L a cultura entendida como
el entretejido de situaciones provenientes de lo real y de la
ficción, o de la maraña tecnológica industrial moderna que como
prótesis indisoluble ya pertenece al ámbito de lo cotidiano en este
cambio de configuración del entorno. Reconocer que el territorio
corresponde al contenedor de configuraciones de realidad,
primitivas, naturales, orgánicas, en superposición de otras
realidades mecánicas, electrónicas, magnéticas, que han construido
los axiomas posibles entre realidad y virtualidad.
Es necesario ahondar en los modos como lo humano despliega sus
saberes actuales, sus técnicas instrumentales sobre el mundo y
construye narraciones simbólicas que intentan explicar su sentido,
como especie y como individuo, en un habitar que debería propender
al equilibrio en términos ambientales, de relación con otros
individuos y en relación con el legado o la historia que cuenta de
su pasado y su modo de haber recorrido el camino que lo trae hasta
su presente y le implica actuar en el futuro.
Respecto al territorio atrae el hecho de ser tomado como objeto de
valor, revestir sobre el un valor, de hecho entorno es tomado como
tesoro por el humano debido a que de el provienen los elementos
necesarios para poder subsistir, por ser especies igualmente
provenientes de la naturaleza. La cual garantiza que la historia de
la especie humana, sea maravillosa o fatídica, se desarrolle,
potencializa que va a existir, que realmente va a suceder y en ella
se narrar incluso la desaparición de lo humano. Ese valor esta
ligado a lo trascendente en la medida en que lo que se despliega es
la relación muerte-vida, pero además de esos valores intrínsecos, el
territorio genera diversidad de valoraciones y jerarquías con las
que se estructuran las relaciones con los otros y con el contexto,
en juegos cargados por el poder o la necesidad de influir o afectar
y determinar el curso de esas valoraciones inventadas, esas
cualidades agregadas del territorio tomado como objeto de valor en
si, a ser tomado como objeto de poder en la estructura mental
racional de un mundo industrializado.
Aunque el paisaje se puede describir, hacerse objeto plástico, en
diversidad de estilos de representación, realista, surrealista hiper-realista,
etc., pudiéndose obtener narraciones objetivas, fidedignas o
fantasiosas, esas formas de descripción implican en cada individuo
una interpretación filtrada precisamente por el ser un sujeto, un
individuo, lo cual genera innumerables variaciones sobre la
percepción del objeto, por tanto variaciones en la utilización del
espacio, cada quien vive a su modo el territorio.
Nuestro contexto colombiano sufre transformaciones desbordadas en el
paso de lo rural a lo urbano, tenemos a la vez grandes urbes, con
sobre dimensionadas concentraciones humanas como en el caso de
bogota, lugar de lo cosmopolita y del encuentro interregional
interno, del entrecruzamiento, del intercambio de mercancías, de
informaciones, de relaciones. A la vez existen lugares completamente
selváticos y montañosos en los que la civilización y las tecnologías
son ajenas, en medio de esos extremos se dan varios tipos de
configuración, de lo agreste por la domesticación campesina a la
enajenación urbana.
Si bien el espacio en lo primitivo se organizaba a partir de un
centro, en la contemporaneidad se vive otro tipo de configuración
espacial, las ciudades cada vez fueron creciendo alrededor de ese
centro que paso a convertirse en una plaza publica, plaza vacía
dentro de la retícula urbana en donde se desarrollaban gran parte de
las actividades de la estructura social, allí tenia lugar el
comercio de mercancías, la realización de encuentros ciudadanos de
diferentes tipos, ya que en el marco de la plaza se ubicaban las
sedes de las instituciones políticas y religiosas, el tótem fue
reemplazado por las estatuas conmemorativas de los héroes y
próceres, hasta el siglo veinte la plaza seguía siendo el espacio
activo de lo común, lugar de la comunicación. La mayor
concentración humana en las ciudades genero una expansión inmensa de
la malla urbana que crecía cada vez más con el establecimiento de
viviendas en las zonas periféricas, las distancias se acrecentaron
generando en diferentes lugares de la ciudad nuevos centros,
fragmentándose la ciudad. Al respecto Juan Carlos Pergolis dice en
el texto Deseo y Estética del Fragmento en la Ciudad Colombiana: “La
estética fragmentaria de la ciudad surge desde dos premisa; la
primera se refiere a la confrontación de dos maneras de relacionar
las partes con el todo: Una basada en el pensamiento de la
modernidad, ve la relación todo-partes como un sistema lineal y
cerrado, en el que las partes y la totalidad se explican
mutuamente. La otra, enfatiza la independencia de las partes fuera
de un pretendido todo, la segunda premisa propone considerar a la
ciudad como el escenario para los acontecimientos: es decir, el
marco para los relatos urbanos que se construyen cuando la ciudad es
capaz de satisfacer un deseo de sus habitantes”.
Sobre todo porque en las ciudades se suman cantidades de gentes
provenientes de otros lugares con otras costumbres que se suman a
los habitantes oriundos de allí; lo cual genera unas culturas de lo
heterogéneo, que implicaba que cada ciudadano, cada grupo,
desarrollaba su ideal acomodando de diversas maneras el espacio.
“El origen de la intención fragmentaria lo encontramos en el
reemplazo de los grandes sistemas ideológicos por el actual
individualismo, que llevo a la sustitución de las utopías
colectivas, propias del pensamiento social, por una enorme gama de
fantasías individuales sin un hilo rector que las conecte”.
Así mismo la aparición de las nuevas tecnologías de comunicación que
diluyen a lo mínimo la utilización del tiempo para conectarse , esto
genero en el manejo del espacio otras formas de relación que
permitían estar mas disgregado, se destruyen las relaciones
ciudad-campo y centro-periferia, reorganizándose las relaciones de
vecindad, son tan fuertes los medios de comunicación masivo que
hacen que el habitante promedio desde su hogar se informe ávidamente
acerca de todo, incluso de la actividad política que tenia en la
plaza su lugar mas fuerte de expresión, así poco a poco la plaza
central se despojo de función apareciendo nuevos centros son sus
configuraciones formales y con sus actividades propias. Armando
Silva confirma esta tesis en su articulo Sin Centro del catalogo
Arte para Bogota “La ciudad pierde también su centro con la simple
constatación de que sus tamaño, en especial los de varias ciudades
americanas del norte y del sur, impide mantenerlas con un solo
centro, pero también porque nuevas formas de comunicación ciudadana
como los medios en especial la televisión y la electrónica, como el
computador y todos sus derivados, hacen que se viva mas la ciudad
como satélite donde cada quien se reubica según sus necesidades y
opciones”.
De nuevo Pergolis anota “nuevos escenarios que conforman nuevos
tipos arquitectónicos y urbanísticos en la actual ciudad colombiana
y de gran aceptación en el gusto de las distintas clases
socioeconómicas: el centro comercial y el conjunto cerrado de
viviendas localizado en la periferia. Ambos expresan la
particularidad de el espacio publico urbano con sus condiciones de
lugar, de permanencia y encuentro…ir al centro comercial es meterse
a un mundo construido a partir del gusto estético actual, un
escenario que satisface deseos y concreta los relatos de la ciudad
de hoy, de allí surge su importancia como fragmento con sentido en
el nuevo espacio urbano, aunque se trate de un ámbito
extraterritorial que no esparte de la ciudad ni permite referencias
cercanas el centro comercial se cierra al exterior, es como una
cápsula o container caído del cielo, que puede estar en una manzana
de la trama o en un descampado periférico en cercanías de alguna
autopista…a diferencia de la plaza el centro comercial no busca
explicar el centro como parte de la ciudad. Puesto que el mismo
pretende ser centro…ya que como fragmento vale por si mismo…se
convierte en un objeto-monumento hacia fuera y en una
cápsula-confort en su interior…en el centro comercial tampoco hay
espacios para el poder o el culto, al nuevo centro no van las
instituciones gubernamentales, el único poder que se manifiesta es
el consumo”. Ante esta mirada podemos citar de nuevo a Silva quien
cuestiona de otra manera la función del lugar centro “el mito del
centro puede ser uno de los mas controvertidos en la revisión de la
modernidad, se pensó que la caída del socialismo soviético y el fin
de la guerra fría darían lugar a los gobiernos de centro, inspirados
en las democracias occidentales, de donde se exportan ideologías
como aquellas de ser combatientes del centro, pero esta ilusión
también llega a su fin. El espíritu humano se mueve entre dos
polos, y el centro es apenas un lugar de transito y pasada. Varios
debates en relación con la logocentria, con la búsqueda de sistemas
de expresión distinto al logos de la razón lingual, como distintas
expresiones del arte en las ultimas décadas, conllevan a un
cuestionamiento frontal del centro como equilibrio y lugar ideal de
llegada”.
Esta nueva configuración urbana irremediablemente genera nuevas
formas de asumir el territorio creando otras formas de ritual ya
alejadas de practicas religiosas y más bien como conjuntos de reglas
establecidas para el culto de ceremonias instauradas por el consumo,
la moda y la inclusión social, actos celebratorios que difícilmente
se sabe si son ritos que salen del interior de los habitantes o son
simulaciones impuestas por la publicidad y los medios de
comunicación.
La ciudad colombiana no se escapa a la mirada semiótica que explica
su configuración y su estructura, que la narran desde una primera
perspectiva; la constituye la ciudad construida obedeciendo a las
necesidades que determinan el objeto-ciudad antropométrico, cuyas
formas y demás características físicas responden al uso de los
humanos en la satisfacción de sus funciones básicas: espacios para
desplazarse, senderos, autopistas; espacios para descansar,
asientos, parques y plazas; constructos para penetrar o salir de los
espacios, puertas y ventanas; constructos para relacionarse, centros
comerciales; o para sustraerse, apartamentos.
Estas necesidades funcionales de la ciudad determinan la presencia
de los sistemas de servicio público, y hacen de ésta una ciudad
“maquina y utilitaria” a favor de lo urbano exclusivamente,
olvidando que su funcionamiento debería sincronizar también con las
otras especies, armonizar con el medio ambiente.
La segunda perspectiva, corresponde a la ciudad mirada desde lo
estético, desde lo signico. Lo estético entendido como las
relaciones entre las formas y los contenidos; a la manera como toman
forma, se configuran y se concretan los conceptos en el mundo real.
Una estética que contemple lo bello pero que sobrepase la totalidad
de posibilidades que se pueden expresar o concebir a través de la
plástica.
La ciudad desde aquí se asume como un gran espacio museal, con la
particularidad de que su colección no esta vetada para ser tocada,
su colección, la ciudad misma, le implica ser leída en sus síntomas
y señales y ser usada constantemente por esencia, pues la ciudad es
noción de lo simbólico, de lo dinámico y de lo icónico, elementos
fundamentales en la construcción urbana que posibilitan la
comunicación y a su vez el consenso, tanto en la concepción del
mundo como en sus estrategias operativas, y primordialmente en la
configuración de las narraciones depositarias del sentido. “La
ciudad se extiende hacia un sentido de museo. Bien porque hay que
entenderla toda como factor de conservación en el buen sentido de
guardar una tradición arquitectónica o estilística de bienes
materiales, o bien en el sentido de hacer de la ciudad un escenario
para presentar y vivir el arte… se puede decir que ha habido en los
últimos años una renovación del simbolismo, en perjuicio de las
teorías estructurales con base en las que fueron concebidas la
ciudad y el arte por varios años durante el siglo veinte. De
esquemas rígidos y funcionalizables pasamos a modos abierto de
representación; de metáforas lingüísticas a efectos de las culturas
en los modos de entender los rasgos de la creatividad. La ciudad y
el arte pueden ser entendidos desde una valoración estética ese
hecho ya los hace estrechamente familiares; pero, a su vez, los
acerca en sus modos de actuar, ya que el arte y la ciudad simbolizan
dos de las pocas esperanzas sobre los cuales el hombre hoy puede
proyectar su futuro … creo que esa forma de trabajar para ver la
ciudad como una construcción simbólica guarda un íntima relación con
las ideas descentradas que lidera el arte hoy; pues la ciudad vista
como creación imaginaria, se enriquece en sus testimonios
territoriales, que son vividos como centro de un marginalidad o mas
bien, como una nueva constelación y por esta vía, es como se teje la
re-familiaridad del arte y la ciudad en las postrimerías del siglo
veinte”
Conectada a la construcción del sentido desde un carácter estético y
signico se halla una tercera perspectiva sobre lo urbano, tomando la
ciudad como escenario, el escenario donde lo humano despliega sus
roles, su teatralidad de vivir en función de sus preguntas
interiores y sus correlatos en las relaciones sociales; la ciudad es
el lugar donde el hombre ejecuta su acto y despliega su sentido, es
el espacio para ser.
La vida cotidiana en lo urbano esta matizada por el exceso de
información, la multiplicidad de estereotipos y modelos para vivir,
las sociedades del consumo son acechadas y afectadas por lo múltiple
y lo simultaneo, lo cual híbrida y yuxtapone las identidades, genera
preguntas acerca de lo autentico en un momento histórico en donde
los orígenes se diluyen, todo se mezcla y acondiciona. Esas
circunstancias impuestas por este mundo convulsionado le implican al
sujeto de hoy ubicar su propio sentido, dotando o encontrando la
armonía y la vida que habita a los objetos naturales y artificiales
de la ciudad, enriqueciendo su propio existir desde nuevas lecturas
posibles, ser conciente cuando se encuentra a si mismo o cuando esta
alienado, esos roles dados por lo urbano constituyen los actos
parateatrales del individuo citadino no es teatro propiamente dicho,
pues no lo desarrolla una conciencia artística que a través de la
construcción de un personaje se ubica a si mismo, pero no deja de
ser pseudo-teatral, porque aunque siendo un acto inconsciente, busca
una forma que le garantice la inclusión social, un pseudo-personaje
de lo aceptado y lo socialmente codificado como normal. Dentro del
sujeto se presentan convulsionadas batallas interiores acerca de sus
preguntas ontológicas, acerca de su sentido, sus identidades,
entrecruzamiento de sus deseos, sueños, fantasías y miedos, desde lo
espiritual y lo psicológico continuamente se debaten procesos por
aprender.
Habitar una ciudad funcional, estética y teatral es establecer y
desarrollar un sinfín de ritos para el apropiamiento del lugar y de
la conexión con otros individuos, algunos de esos ritos serán
intrínsecos en el individuo, otros serán simulados. Aparece una
pregunta importante acerca del sujeto; la relación con su propio
interior y con su contexto, son su ser social, ¿Cómo es que el
individuo accede a la participación en el rito?, esa aceptación del
código, del grupo que la estructura y da sentido. En cada sujeto
esa premisas o esos fines se dan como el código implica o manda o
establece, o todo sujeto participa de modo implícito en le rito en
el que él se origina y es sustentado en su crecimiento, su contexto
inmediato determina condiciones pero hay algo propio de cada quien
que determina su particularidad y su especificidad. ¿Cómo hace el
sujeto desde su particularidad para establecer relaciones con los
otos y poder armonizar o desarrollar actividades en donde implica
sumar esfuerzos para metas comunes? ¿Cómo establece el conjunto de
reglas, de acuerdos, de concesiones para la vida en comunidad? Un
sujeto que junto a otros sujetos habitan territorios constituyendo
en cultura sus modos de vida, sus invenciones instrumentales y
sígnicas para instaurarse, para prevalecer.
El sujeto se vivencia a si mismo desde su cuerpo, conciencia de
fisicalidad, de ser materia orgánica, que seduce y que se pudre, que
logra una funcionalidad con el mundo, cuerpo maquina, sistema,
estructura en función de contexto, cuerpo vehículo que le desplaza
sobre el territorio, cuerpo viviente lleno de energía que imprime la
especificidad a cada cuerpo. Allí el cuerpo es revestido de
contenidos y valores provenientes de las relaciones sociales y del
imaginario que responde frente a las preguntas por lo real. Es
entonces que aparece la noción de cuerpo como elemento
desencadenante de las tensiones contemporáneas de exploración de lo
real y el sentido, pues el cuerpo es una instancia directa es el
espacio primero del sujeto, es el limite y la expansión del limite a
la vez, precisamente el valor del cuerpo radica en que es con el
cuerpo o mediante él que un individuo puede desarrollar acciones que
replanteen los juegos de fuerzas que operan sobre lo real, es a
través del cuerpo que emerge el acto humano como acto político y lo
hace radicalmente, puesto que si en aras de un fin desaparece el
cuerpo, lo que se evapora es la vida.
Así entre lo social y lo intimo, el sujeto recorre territorios
estableciendo los limites entre publico y privado, respondiendo a su
intuición, educado en la razón, aterrado en el desconcierto que le
depara lo real, referenciándose con la otredad, tratando de
explicarse un sentido, algo que le llene el vacío hacia lo
trascendente, que en las sociedades de consumo puede ser reemplazado
por la felicidad que da vivir subsistiendo acomodadamente.
En esos procesos comunes de habitabilidad se presenta la ritualidad
o la elevación en culto de unos valores, representados en formas
acordadas conciente o inconscientemente, llevados a la escena de lo
cotidiano y puestos a prueba como instrumental operativo sobre el
mundo. Se construyen juegos de roles, con la participación de
personajes modelo que representan ciertas ideologías o cierta
idealizaciones, acerca de qué es ser sujeto y de qué es aprobado y
admirado socialmente, hacia dónde debe tender lo colectivo, aparecen
las imágenes del héroe, el santo, el guerrero y el líder, cada
cultura construye su estereotipo idealizado, de algo o alguien que
va a cambiar el mundo, va a ser ejemplo, paradigma, va a afectar la
vida en comunidad afectando lo social y por ende constituyéndose en
factor político, que hilará la historia revelando el misterio
antropológico que dará cohesión y coherencia a un mundo organizado
desde lo sociológico y lo ambiental.
Es en el marco de una sociedad en conflicto que aparece esta
búsqueda estética denominada Rito y Simulacro, determinada
por un estado de lucha social, de militarismo y miedo, de la muerte
como salida violenta a un estado de incomprensión y perdida de una
posible ley. Situación dada en la reestructuración de respuestas
ante la pegunta por el rol del tercer mundo, de la dificultad de
resignación ante la pobreza y ante el descreimiento el los
paradigmas de manipulación del poder por el modelo occidental. Un
tiempo de agresión en donde la necesidad imperante de subsistir
justifica todo tipo de dinámicas para el levantamiento o el
sometimiento, lo cual polariza y agrava el panorama para lo que se
espera en el futuro próximo.
Aparece la pregunta acerca de ¿Cuáles son los imaginarios que se
activan en el terreno de lo urbano d de un a sociedad en conflicto?
¿Qué significaciones, qué relatos se constituyen en estructuradotes
de sentido y cohesión sociocultural? ¿Cómo es que lo creativo
deviene en la fluidez de la salida a estados de tensión a través de
un imaginario que resuelva las instancias del sujeto en su
autodeterminación e instancias sociales de entendimiento del mundo y
el momento histórico?
Nuestro transcurrir como cultura, como pueblo, ha sido el
desconocimiento de elementos de origen y la implantación de formas
foráneas que se arraigan a golpes de coloniaje, siguiendo en lo
posible fielmente de repetir o parecerse al modelo de occidente para
no caer en el pecado o en la posibilidad de ser marginado por no
parecer un producto de un mundo de avanzada, de vanguardias que usa
el saber y la ciencia, esto dicho a sabiendas que para occidente la
idea de vanguardia desaparece como discurso a mediados de los
ochentas. William Ospina en el texto ¿Dónde esta la Franja
Amarilla? Escribe” la sociedad colombiana se funda en el ejemplo de
la revolución francesa y en la declaración de los derechos del
hombre, lo mismo que en sus ideales de libertad, igualdad y
fraternidad…nadie procede de una revolución distante y nadie puede
simplemente ser hijo de su ejemplo, una revolución se vive o no se
vive, y la pretensión de heredar sus emblemas sin haber participado
de la dinámica mental y social que le dio vida, sin haber
conquistado sus victorias ni padecido sus sufrimientos, no es más
que una sonora impostura, nuestra historia suele caracterizarse por
esa tendencia a pensar que basta repetir con embelezo las palabras
que expresan una época para ya participar de ella. Basta que
gritemos, liberté, egalitè , fraternitè, para que
reinen en nosotros la luminosa libertad, la generosa igualdad, la
noble fraternidad, pera que ya hallamos hecho nuestra revolución,
pero en realidad nos apresuramos a proferir esos gritos para evitar
que llegue esa revolución y para simular que ya la hicimos…desde el
descubrimiento de América, Colombia ha sido una sociedad incapaz de
trazarse un destino propio, ha oficiado en los altares de varias
potencias planetarias, ha procurado imitar sus culturas y la única
cultura en que se ha negado radicalmente reconocerse es en la suya
propia en la de sus indígenas, de sus criollos, de sus negros, de
sus mulatajes y sus mestizajes crecientes”.
Aunque el mundo tiende a la globalización hay que atender a la
mirada no lineal de la historia, el descreimiento de la categoría de
único verdadero sobre el modelo occidental que nos ha narrado un
ideal, un meta discurso a seguir, la mirada trasversal sobre los
pueblos y sus posibles historias, sobre sus historias posibilitadas,
legitimándose otras maneras de entender y vivir la realidad, la
reclamación por una comprensión de la historia que reviva el pasado
extrayendo su claridad, actualizándola y activándola en un ahora
contextualizado que pueda elaborar lo necesario para posibilitar
futuro, una historia visionaria cargad de memorias con la capacitas
de reconocer como ciertos la diversidad de acontecimientos.
Ante un mundo que ve desplomarse los enunciados de la modernidad,
los ideales de progreso, justicia y equidad a través de lo
industrial tecnológico se inicia necesariamente el proceso de
reconocimiento de cada particularidad, es allí donde cada cultura
debe activarse permitiendo imaginarios de apropiación y proyección
que den cuenta de las configuraciones y concepciones que lo real
abarca y cómo es entendido en cada cultura especifica. Ospina
“después de que fuera ahogada en sangre la experiencia magnifica de
la expedición botánica a reconocerse en su naturaleza, por ello
ahora paga las consecuencias de su inaudita falta de carácter, a
permitido que sean otros pueblos los que le impongan una
interpretación social y ética de algunas de sus riquezas naturales,
ha asumido el pasivo y miserable papel de testigo de cómo la lógica
de la sociedad industrial transforma por ejemplo la hoja de coca en
cocaína, la consume frenéticamente, irriga con su comercio la venas
de su economía y finalmente declara a los países que la cultivan, la
procesan y venden como los verdaderos responsables del hecho y los
únicos que deben corregirlo, así un problema que compromete la
crisis de la civilización, la incapacidad de la sociedad moderna
para brindar serenidad y felicidad a sus muchedumbres, el vació
ético propio de una edad que declina, y la necesidad creciente de
esta época por aturdirse con espectáculos y sustancias cada vez más
excitantes, es convertido por irresponsables gobiernos y por
imperios inescrupulosos en un problema de policía”.
El resquebrajamiento de los meta discursos, la multiplicidad de
historias genera un contexto más complejo debido a que las dinámicas
humanas, las influencias entre grupos, los entrecruzamientos, cada
vez más hibrídan las nociones de unidad como algo cerrado y pureza
como algo que viene de origen sin mezcla, de las historias
particulares, en verdad se esta ante la difícil situación que quien
mas tenga poder sobre los medios de comunicación, más lograra
implantar historia, se vuelven difusos los conceptos de origen,
identidad y territorio, debido al espectáculo de lo cotidiano a
través de los mass media que presenta todo sobre iluminado y
espumeante, visto así la historia no provendría ni de un pueblo ni
de un lugar sino de una factoría televisiva. En medio de tantas
emisiones de discursos aparentemente todos tan llamativos y tan
ciertos, aparecen necesariamente las preguntas por la legitimidad,
¿Quién legitima hoy en día algo que pueda ser tomado como paradigma?
¿Desde qué instancias es legitimado? ¿Qué y cómo es legitimado entre
lo real y las ficciones, entre lo real y lo virtual, entre lo
oficial y lo marginal, entre lo narrado o reconocido y lo excluido?
Canclini cita de Roger Bartra ( La Jaula de la Melancolía) “los
mitos nacionales no son un reflejo de las condiciones en que vive la
masa del pueblo, sino el producto de operaciones de selección y
transposición de hechos y rasgos elegidos según los proyectos de
legitimación política” a lo que Canclini complementa “ingresar en un
museo o en una escuela y entender lo que allí se expone son más que
ritos de iniciación, ritos de legitimación y de institución,
instituyen una diferencia entre quienes participan y quienes quedan
afuera…Pierre Bourdieu observa que tan importante como el fin de
integrar a quienes lo comparten es el de separar a los que se
rechazan…el ritual sanciona entonces en el mundo simbólico las
distinciones establecidas por la desigualdad social. Todo acto de
instituir simula, a través de la escenificación cultural… todo acto
de institución es un delirio bien fundado decía Durkheim,
un acto de magia social decía Bourdieu”
Aplicado al territorio colombiano Ospina señala “buena parte de
nuestra agresividad es debilidad y estupidez, así como nuestra
crueldad corresponde a una penosa falta de imaginación (no tenemos
entonces ninguna virtud) creo que tenemos muchas, pero la verdad es
que solo las advertiremos cuando reconozcamos nuestros defectos.
Uno de ellos es la simulación, es un defecto que nace del
sentimiento de inferioridad”
La dicotomía rito-simulacro podría verse como una relación de
contrarios dependiendo del grado de conciencia o conexión en el
sujeto que lo realiza, o del nivel de pertinencia del rito en una
comunidad. Pero también se podría ver la relación de modo que
simular fuese una especie de rito, como un genero y no como una
equivocación o un intento fallido o una falsificación, sino un fin
en si mismo que construye su instrumental, que establece
ritualidades.
Lo uno obedecería a preguntas sobre la identidad, el origen, lo
ontológico, lo otro obedecería a unas sociedades que toman lo
cultural como industria, entendiendo eso como la masificación de la
tendencia a la espectacularización de la memoria o de lo cotidiano,
a través de una estetización, donde la comercialización de culturas,
su fácil intercambio genera otros conceptos sobre la idea de arte,
sobre el objeto vestigio, sobre el objeto fetiche. Donde lo
funcional y lo simbólico entran frágilmente en un terreno en el cual
por exceso de semiótica todo corre el peligro de dejar de decir o de
desbordarse en el ruido que genera todo hablando al tiempo.
Simulacro tiene que ver con representación, pertenece al ámbito del
arte, pone en duda cualquier moralidad acerca de si es un mecanismo
útil para llegar a la cosa imaginada, o si es un engaño, una
falacia, el arte no sabe si es bueno o malo, en el arte todo se vela
y se devela con demasiado misterio, presenta aquello que con el
engaño intenta mostrar algo ausente, la representación como medio
para una presencia tácita. Para preguntarse por el simulacro mas
allá de la representación fingida, hay que ir hasta el rito o el
modelo, encontrar su sentido y configuración para saber si el
simulacro vela o devela, acerca de él como acto de artificio, como
constructo, como representación, conceptos que de nuevo lo llevan al
plano del arte, el arte como acto de construcción de
representaciones o de presentaciones de lo real y de lo imaginario.
Se emprende una búsqueda arqueológica y creativa alrededor de los
objetos artísticos o no, empleados en el rito y en el simulacro,
objetos de culto, objetos de engaño, objeto que simula lo legitimo
de un culto, objeto que disimula el vacío de un culto.
Se abre la pregunta al papel del arte en la configuración socio
cultural, el rol que asume o se le asigna como elemento que aporta
lucidez o que se presta para dominación alienante, es un arma de
doble filo que dependería de la ética del artista, pero que depende
también del circuito en el que se inserta. Dice Canclini “la
identidad cultural se apoya en un patrimonio constituido a través de
dos movimientos: la ocupación de un territorio y la formación de
colecciones… las identidad tiene un santuario en los monumentos y
colecciones que reunen lo esencial. Los monumentos presentan la
colección de héroes, escenas y objetos fundadores. Se colocan en un
plaza, en un territorio publico que no es de nadie pero es de todos…
el territorio de la plaza o el museo se vuelve ceremonial por el
hecho de contener los símbolos de identidad… aluden al origen y a la
esencia…los monumentos y museos se justifican como lugares donde se
reproduce el sentido que encontramos al vivir juntos… e
autoritarismo conservador a los sectores sociales no evita que el
patrimonio sirva como lugar de complicidad. Disimula que los
monumentos y museos son con frecuencia, testimonio de la dominación
más que de un apropiación justa y solidaria del espacio territorial
y del tiempo histórico…las marcas y los ritos que lo celebran hacen
recordar aquella frase de Benjamín que dice que todo documento de
cultura es siempre, de algún modo, un documento de barbarie”.
Es ya sabida la confrontación dada entre el arte como conservador de
ciertas formas culturales a través del folclor o el apegamiento al
clasicismo, o la renovación de maneras de cultura a partir del
paradigma de innovación por lo creativo impulsada por la
modernidad. Respecto as esa conservación Canclini anota citando a
Bourdieu “la consigna que sostiene la magia preformativa del ritual
es “conviértete en lo que eres” tu que has recibido la cultura como
un don y lo llevas como algo natural incorporado a tu ser,
compórtate como lo que ya eres, un heredero, disfruta sin esfuerzo
de los museos, de la música clásica, del orden social. Lo único que
no puedes hacer, afirma el tradicionalismo cuando lo obligan a
ponerse autoritario, es desertar su destino. El peor adversario no
es el que no va a los museos ni entiende el arte, sino el pintor que
quiere transgredir la herencia y le pone a la virgen un rostro de
actriz” discusión que queda un poco en entredicho si analizamos las
estrategias o técnicas contemporáneas para la realización artística.
El arte contemporáneo busca hacer múltiples lecturas del signo,
afirmarlo y ponerlo en duda, precisarlo a la vez que lo desplaza ,
el signo, símbolo o icono seria un medio dentro del rito, seria
significado a la vez que el medio para acercarse a lo que
representa, el signo siendo representación es una simulación que
busca establecer un sentido. En las instalaciones para espacio
museal se evidencia a través de objetos vestigio, cargados de
memoria e historia, un pasado, resignificandolo, allí se
contextualizan y manipulan generando nuevos ritos, haciendo o
evidenciando simulacros, señalando los ritos reales existentes en lo
cotidiano para simplemente mostrarlos o re-semantizarlos, los
objetos y las cosas al ser documento viajan a tiempos pasados a la
vez que actualizan esos discursos poniéndolos a actuar en el
presente, poniéndolos a soñar futuro, la ficción se adelanta a la
ciencia, los objetos evidencian las concepciones de los pueblos, son
entes que evidencian el culto, son objetos para realizar culto.
Acerca de las arqueologías, las taxonomías, las re-contextualizaciones,
los cruces de información evocan las situaciones de desdibujamiento
simulacro, las performances de hecho son ceremonias, ritos en la
medida en que son una acción directa sobre lo real, transformando
mundo, narrando mundo, pero además de esas características
implícitas, las performances se mueven en torno a la construcción de
las convenciones, de los acuerdos de cultura y a los modos como esos
acuerdos conciente o inconscientemente, erigidos o instaurados se
concretan, se desarrollan en acciones, en praxis real.
El arte es realidad
presentada, así mismo es representación, simulación, ilusión, el
arte es un rito que da sentido y coherencia social. El rito
desapropiado o inconsciente desconoce el objeto de su culto, no
comprende su sentido. Una sociedad que intenta ser lo que ya no
puede ser es una sociedad que aleja el arte para creer en el adorno
vació.
YURY HERNANDO FORERO CASAS
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De la participación en el Arte -
Rito y Simulacro
La Performance bajo la perspectiva Latinoamericana
La performance Su Creación Elemento
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